« El viejo muro de Fonty, en Berlín. Plaza París, sin número. | Main | Que no se te olvide cerrar la boca al hablar »
sábado, noviembre 18, 2006
Un tabú, una cabeza y el resto
No cabe duda de que somos todos muy diferentes del cuello para arriba que del cuello para abajo. Tenemos una cabeza civilizada, cibernética, inteligente, limpia y pura, y un extraño cuerpo en el que suenan sórdidos los tantanes más oscuros, primitivos, salvajes y sucios que uno se pueda imaginar.
Y así tenemos que vivir, viendo como en un momento somos similares a la luz cuando es capaz de medir la distancia desde casa a Saturno, y en el momento siguiente utillizamos lo peor de la parte primitivo bajoscura para sacarle un colacao con galletas a una máquina sigiloventiuno, inoxidable y cibernética con los piés.
Ser violento, en principio, no está mal; son así, sóis así, somos así, ¿qué le vamos a hacer?, la violencia no es nada si no se usa. Pero hay que saber bien que está y y hay que saber bien dónde está. Y está en el martillo, si la violencia es física, y en la palabra, si la violencia es lingüística.
El martillo deja de ser una herramienta que nos costó treinta mil millones de años inventar, y se mancha de sangre y no de óxido, y la palabra deja de comunicar y se convierte en tabú. Inventar el tabú nos costó bastante menos, pero golpea igual de fuerte, y a un número de personas casi infinito, por el mismo esfuerzo que hacemos para llegar hasta la caja de herramientas. De hecho, y desde que se dio cuenta de ello el buen Platón, ha sido considerada como el arma más peligrosa que existe.
El martillo golpea una vez y se guarda en la caja; la palabra seguira golpeando, indefinidamente, hasta que pierda el valor, hasta que cambie. Y lo hará, porque es sólo una palabra.