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sábado, febrero 17, 2007

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Frente al olivo grande del ala sur del jardín lateral del lago hemos plantado un jacinto

Un amigo nos dijo que ya era hora de salir, así que, mirando el reloj, vimos que tenía razón. Y, siendo, como era, domingo, nos acercamos a la linda plaza del antiguo Arenal del viejo Bilbao a comprar flores para los tiestos y tiestos para las flores, de barro, si se puede elegir.

Y, como andábamos mal de cash, compramos un jacinto que estaba de oferta porque el viento del oeste lo había tumbado de un aire. Orgulloso, nuestro jacinto trataba de levantarse, y, por ver si lo conseguía o no, lo plantamos cerca de la ventana desde la que puede verse el lago.

Haciendo, como hacía, buena tarde, aprovechamos para quitarles el polvo a los descacharrados diccionarios de papel que se acumulan sin fuste detrás de los ordenadores nuevos. Allí encontramos un diccionario viejo, viejo al que le preguntamos sin mucha fe, ¿quién fue Jacinto? Y aprendimos que el viento del oeste es muy, muy fuerte, quizá debido a algún cambio helenico-climático anterior a Sócrates del que nosotros no tuvimos, aparentemente, la culpa.

Tan fuerte era el amor del viento del oeste que volvióse violento de homogénero. Y la víctima fue esta vez el pobre Jacinto. Por eso lo hemos plantado cerca del gran olivo, para que no se nos olvide que el amor, más que nada, mata.

Posted by Asun Undabeitia at 15:00
Edited on: sábado, febrero 17, 2007 15:06
Categories: Artículos, Palabras